Pues bien, Yamaha ha reaccionado a tiempo y tras siete años en el mercado y más de 100.000 unidades comercializadas –la mayoría en manos de un público conocedor y, por qué negarlo, sibarita y de alto poder adquisitivo–, pone en los comercios la nueva edición T-Max, no mucho más rápida que la anterior, a todas luces menos veloz que la Gilera, pero tan deportiva y rabiosa como de costumbre, y además medioambientalmente más saludable, puesto que ya cumple la norma EU III.
De entrada, y como se aprecia, la T-Max se beneficia de un diseño de nuevo cuño que no supone una drástica ruptura frente al anterior, pero que desde lejos se aprecia distinto, un punto más convencional y probablemente algo más burgués y menos agresiva, pero también más elegante. Su calidad de terminación, que antes ya era buena, ha ganado enteros, pero sobre todo lo ha hecho su funcionalidad. Por ejemplo, la instrumentación, que combina información analógica y digital, es más legible, el contacto va centrado junto al manillar –ahora es más accesible–, el asiento se abre hacia detrás –cuestión de gustos, que no de practicidad– para descubrir un hueco mejor aprovechado en el que ya cabe un casco integral y enseres adicionales.
También hay una doble guantera frontal –antes sólo una– que, desafortunadamente, carece de cerradura exterior con llave, lo que en la práctica no resulta atractivo porque expone cualquier contenido a los amigos de lo ajeno. Estribos similares –delante con deportivos protectores de chapa; detrás plegables y de goma–, mejores asideros para el acompañante y un puesto de conducción prácticamente simétrico, aunque con una pantalla más alta y protectora y una silueta frontal que recoge mejor las piernas, rematan la faena.
Por otra parte, el T-Max se ha dejado por el camino 50 kilos –en seco, ahora son 203 sobre la báscula–, lo que no viene nada mal a tenor de su generosa corpulencia –como buen megascooter, queda a años luz de la maniobrabilidad y agilidad de un 50 c.c.–. Parte de la ganancia responde a un chasis fabricado en aluminio de nuevo cuño que adopta horquilla frontal con distinto reglaje, doble disco delantero con pinza monobloque y llanta de 15 pulgadas –antes 14–.
Estas variaciones le permiten frenar mejor y tenerse más en cualquier viraje. Y aunque se aprecia algo más torpe al cambiar de dirección, compensa con su menor tara. A todo ello, el motor bicilíndrico de 43,5 CV permanece esencialmente invariado, por lo que sus prestaciones son simétricas. Eso sí, la respuesta es más fina a bajas vueltas, y a medio y alto régimen –desde aproximadamente 3.500 rpm– se mantiene despiadada, con un sonido que embriaga y una prontitud en la respuesta al movimiento del puño derecho que enamora. Lo dicho: más refinado, cuidado y viajero, con cualidades para mantenerse en la brecha, dando guerra, unos cuantos años más.
Ficha técnica
Yamaha T-Max 500 2008
Motor: Bicilíndrico, cuatro tiempos, inyección
Cilindrada: 499 cc
Potencia y par: 43,5 CV a 7.500 rpm / 45 Nm a 6.500 rpm
Cambio: automático CVT
Rueda del.: 120/70 18 mm
Rueda tras.: 160/60 15 mm
Depósito: 15 litros
Peso: 203 kg
Longitud: 2.220 mm
Altura del asiento: 790 mm
Velocidad máxima: 165 km/h
Consumo medio: 7,0 l/100 km
Precio: 11.200 €