Mercedes-Benz 300SL

Se convirtió en un icono de los 50 tanto por sus puertas en forma de alas de gaviota como por su motor, el primero de serie en emplear inyección directa.

 

Como se suele decir, más vale tarde que nunca. Desde que inauguramos nuestra sección de Clásicos, todavía no le habíamos rendido tributo al mítico Mercedes-Benz 300SL –siglas de Sport Leicht-, que, gracias a sus puertas de tipo alas de gaviota (gullwing), revolucionó el sector del automóvil allá por los años 50 del siglo pasado.

Para concebir tan legendario modelo –denominado internamente W198-, la firma de la estrella tomó como base el prototipo W194, con el que obtuvo grandes resultados tanto en las 24 Horas de Le Mans como en la Carrera Panamericana. La versión definitiva del 300SL, desarrollada a petición del importador norteamericano Max Hoffmann, se presentó en Nueva York (EE UU) a principios de 1954. Bajo el enorme capó, el biplaza germano ocultaba un motor de 2.996 cc, con seis cilindros en línea, que rendía 215 CV. Pero lo más importante es que se trataba de una mecánica revolucionaria, ya que era la primera, fabricada en serie, que incorporaba inyección directa –desarrollada por Bosch-. Con este bloque, cuyo par máximo era de 275 Nm a 4.600 rpm, el 300SL era capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en menos de diez segundos y, en función de su evolución, alcanzar una velocidad máxima de entre 235 y 260 km/h.

Desde el primer momento, el Alas de gaviota alcanzó un estatus de exclusividad que lo convirtió en uno de los deportivos más deseados, ya que costaba el doble que un Jaguar XK140. Sin embargo, era un modelo incómodo, ya que para acceder al angosto habitáculo debía sortearse un umbral muy alto, resultado de la forma de las puertas y del diseño del chasis (tubular), y abatir el volante sobre el salpicadero, caracterizado por su completa instrumentación.

El 300SL dejó de comercializarse en su configuración original en 1957, año en el que fue reemplazado por una variante roadster que presentaba significativas mejoras que afectaban a la suspensión trasera, al chasis y al propulsor, que, dependiendo de su relación con el eje posterior, podía variar la velocidad punta –entre 248 y 264 km/h-. Aunque también tuvo mucha aceptación, esta versión del Mercedes-Benz 300SL no poseía el encanto del Alas de gaviota y su ciclo concluyó a principios de la década de los 60.

Entre ambas carrocerías, la marca alemana llegó a producir cerca de 3.300 unidades, todo un éxito teniendo en cuenta el elevado precio de ambas. Por lo que respecta a la primera, sentó cátedra entre los diseñadores de automóviles, como lo demuestra el que, en los años 70, Lamborghini emplease un sistema parecido para el espectacular Countach. En 2010, Mercedes-Benz resucitará el Alas de Gaviota con el nuevo SLS AMG, que, dotado con un motor V8 de 571 CV, acelera de 0 a 100 km/h en 3,8 segundos y alcanza una velocidad máxima de 315 km/h.

 

 


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